

Recuerdas aquellos días tan bonitos en lo que el tiempo nos regalaba su mayor de las sonrisas. No conocíamos las prisas, ni las pausas. Las tardes se nos hacía eternas y teníamos horas para todo. Disfrutábamos de la libertad del poder elegir cuando queríamos hacer algo y cuando no. Contábamos con el tiempo de disfrutar de nuestros padres cuando queríamos. Sentirnos como cuando éramos niños, algo que más de uno querría retroceder en el tiempo. Volver a la infancia más dulce y tierna que la vida nos pudo dar.

A veces me siento así, como más de uno de vosotros. Añorando aquellos años de despreocupación. ¿No recuerdas acaso esas tardes de libertad?. El tiempo se alargaba tanto, que teníamos tiempo de todo. A veces parecía eterno y nos aburríamos por que teníamos demasiado tiempo. Ahora parece que nos falta. Es curioso como nuestros padres nos guían sosteniéndonos de las manos y nos acompañan. Para soltarnos cuando crecemos y nos sentimos algo más preparados. Adoro la infancia, enamorada de su dulzura y de su simplicidad. La despreocupación y el disfrute de lo sencillo. Jugábamos con cualquier cosa que tuviésemos en casa. Una simple caja podía convertirse en un maravilloso avión para sobrevolar aquella explanada del jardín.


Llegan los recuerdos una y otra vez de manera incesante. ¿ A ti no te pasa?, o solamente me sucede a mi. Ahora disfruto viendo como esa fase que yo pase, la pasan mis niños. Cuando veo en sus ojos la felicidad de aquella época en la que viví una vez. Me hace sentirme como se sentiría mi madre. La luchadora para que no nos faltase esa parte de la infancia y pudiera disfrutarla en plenitud. Por eso me encanta los reportajes infantiles en familia. Es maravilloso poder detener el tiempo con fotos familiares de estos momentos en el que no se aprecia lo rápido que pasa. Sí, se lo digo yo que en un cerrar y abrir de ojos se me fue un año más. ! Un Año !, antes parecía que era eterno y ahora mira, ya no sé ni cuantos años cumplo en estos meses.

¿No te gustaría convertirte en niño de nuevo? pararte a disfrutar del aroma de lo que te rodeaba. Por que teníamos tanto tiempo para nosotros, que podamos revolcarnos en el suelo, saltar en los charcos y pasarnos horas en la hora del baño con un montón de espuma haciéndose pasar por bigote. Entonces queríamos similar que éramos como papá con su barba. Esa que nos rascaba la cara cada vez que nos daba un beso. Recorriendo la casa cada vez que escuchábamos como abría la puerta. Parece que teníamos un radar para darnos cuenta de que era él. Menos mal que tenemos fotografías con papá. Así podremos ser eternamente pequeños cada vez que lo veamos y nuestros padres eternamente jóvenes.

Me encanta las fotografías familiares de mis niños, poder crear algo que vean cuando sean mayores. Qué sepan que sus padres lo amaban y que tienen un recuerdo para toda la vida para ver como eran cuando el paso del tiempo para ellos era eterno.
Vamos a por ese reportaje en familia para recordar estos momentos dulces.
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